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LA CUARESMA

La Cuaresma es el tiempo litúrgico que comienza el Miércoles de ceniza y concluye antes de la Misa Vespertina del jueves santo.


El miércoles de ceniza se utilizan fórmulas para la imposición las cuales son un humilde recordatorio que somos débiles necesitados de conversión y de creer en el Evangelio (“Conviértete y cree en el Evangelio” Mc 1, 15), e igualmente que somos polvo, hombres pecadores, en marcha inevitable hacia la muerte, (“Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás” Gen 3,19).


Signos de la Cuaresma en la Liturgia


El color de este tiempo es el morado, sinónimo de penitencia.


Desde el Miércoles de Ceniza hasta Semana Santa notaremos varios cambios en la celebración Eucarística:

• La Iglesia enmudece y no entona el grito de júbilo de la resurrección “el Aleluya”, ni el himno de los ángeles “el Gloria”.

• La música se hace más sobria

• En nuestra parroquia durante la Cuaresma tomamos la Eucaristía solo bajo la especie del pan.

• Las flores y adornos del altar y presbiterio desaparecen.


Todo para hacer sentir un carácter penitencial y austero.


Cuaresma tiempo fuerte de conversión y preparación


La Constitución “Sacrosanctum Concilium” (N. 109-110) considera la Cuaresma como el tiempo litúrgico en el cual los cristianos se preparan a celebrar el misterio pascual, mediante una verdadera conversión interior.


La Iglesia nos propone para lograr esta conversión las prácticas de la oración, el ayuno, y la limosna.


La Oración. Conversación con relación a Dios. Nos abrimos a su amor y a su palabra, deseamos glorificar a Dios y pedirle sea el centro de nuestra vida. Meditamos la palabra de Dios diariamente. Celebramos la Misa con mayor conciencia y devoción. Cuidamos especialmente nuestras confesiones, preparándolas, examinando muy sinceramente nuestro interior. Debemos pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, perdonando a todos los que nos han ofendido o dañado. Pedimos también perdón a los que nosotros hemos ofendido. Recordemos las palabras de Jesús: “Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda.” (Mt 5, 23-24).


El ayuno. La conversión con relación a sí mismo, Cristo ayunó para darnos ejemplo. Ayunamos como sacrificio ofrecido a Dios y para fortalecer nuestro espíritu y así tenga dominio sobre nuestros sentidos y tendencias carnales.


El ayuno, “no debe limitarse a abstenerse de comer carne”, sino también a renunciar a nuestro pecado reincidente, a rencores, a criticar ó difamar al hermano, a todo egoísmo.

Que nuestro ayuno sea fructífero. Si dejamos de comer, que no se guarde en nuestros bolsillos (lo que hubiéramos gastado) tampoco se guarde para otro momento, sino que estos alimentos lleguen a la mesa del hermano que no tiene.


La limosna. Conversión con relación a los demás, llamamos “limosna” al compartir con los más pobres nuestros bienes. No debe ser “un dar lo que sobra”, sino un acto de amor hecho de corazón, un compartir que nos mueve a renunciar y al sacrificio, Todo don viene de Dios, toda nuestra vida debe convertirse en una dádiva de amor en imitación a Cristo «la caridad cubre multitud de pecados» (1Pedro 4, 8).


Porqué 40 Días


Cuaresma viene del latín Quadragésima dies (Día cuadragésimo), e indican los 40 días que dura este tiempo litúrgico. 40 días que evocan: los 40 días que duró el diluvio, los 40 años de la marcha del pueblo israelita por el desierto, y los 40 días de Jesús en el desierto.


En tiempos de Noé “la tierra estaba llena de violencia y maldad”, 40 días de diluvio acabaron con toda la maldad, “dando inicio a una nueva humanidad”.

40 años marchó errante el pueblo israelita por el desierto, hasta que “entra y toma posesión de la tierra prometida”.


Jesús vive 40 días en el desierto haciendo ayuno y oración, vence al tentador luego “inicia su ministerio cumpliendo su misión”.


Observemos que cada uno de estos períodos marcan un “Paso” es decir un antes y un después:


La Cuaresma, “Camino hacia la Pascua”


La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto.



“La Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual. (Papa Fco mensaje Cuaresmal 2019)

Por eso se llama a la Cuaresma, “camino hacia la Pascua”, la de Jesús, desde su desierto hasta el día de su triunfo el Domingo de Resurrección, y nuestro propio camino por el desierto, que nos lleva a la conversión, a purificarnos, a estar limpios para poder vivir con mayor alegría y agradecimiento los misterios pascuales, muriendo a nuestra vieja humanidad pecadora y resucitando en Cristo a una vida nueva.


Sí, es en la Noche Santa de la Pascua, (tal como se hacía desde los primeros siglos del cristianismo), cuando reciben los sacramentos de iniciación los Catecúmenos (adultos que quieren acoger la fé) y los penitentes conversos, que están gozosos de manifestar públicamente su deseo de renovar sus promesas bautismales, renuncian al mal y a todo lo que les aparta de Dios.


“Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom 6, 4)

Solo renovados en Jesucristo podremos cumplir con nuestra misión: “Vosotros sois la sal de la tierra. Y vosotros sois la luz del mundo”. Y podamos ser desde ahora, mientras somos peregrinos, “testigos del Reino de Dios”.


Por eso, si asistimos el miércoles de ceniza, y nos preparamos en la cuaresma como la Iglesia nos pide, no debemos perdernos el porqué de la preparación: Vivir el Santo Triduo Pascual y renovar nuestros votos bautismales.


Personalmente cuando comprendí hace 10 años la gracia tan grande, lo misericordioso y bello de la cuaresma y del triduo Pascual, no hay nada que sea más importante para nuestra familia que vivir estos misterios tratando de hacerlo cada vez más profundamente.


Oh, Dios, crea en nosotros un corazón puro, renuévanos por dentro con espíritu firme, para que esta cuaresma sea un paso a una nueva vida en Cristo Jesús.


Tomado de:

El Redentor, edición No 91 Marzo 2020

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